28.9.10

Poema de María Del Cármen Suárez



PUNTO INCIERTO

Entró la luz en el helecho
una tarde caía dentro de una torcaza
cesaron los vientos
los fuegos en la cocina
auguraban comida casera
y largas conversaciones
acerca de tempestades.

La luz fue descendiendo
hasta diluirse en la tierra
el universo transformado
en un punto incierto
se sumergió en el corazón
estallando
en flores diminutas.

© María Del Cármen Suárez

Poema de Héctor Miguel Ángeli


LAS RELIQUIAS DE SAN ANTONIO

.....................................(en Padua)

Por una sucesión de nomeolvides
el tierno capellán de las reliquias
distribuyó su fosa,
de carne y hueso
como su propio e inclinado cuerpo.
Tanta identidad lo animó a verse
como un atolondrado pasajero
que en el centro del viaje, sin quererlo,
quiebra el destino, tuerce la esperanza.
En las vitrinas
el dolor de servirse a sí mismo
puede más que el dolor.
Donde se exhibe el viaje
Se exhibe también una certeza:
la fosa nunca quedará vacía.

© Héctor Miguel Ángeli

Poema de Rosa Lía Cuello


ANDAMIOS

Por los andamios de la vida
se deslizan los gritos
que aún no nacieron
a la búsqueda de palabras
que crucen abismos
(se parecen a gigantes
que atajan espantos)

Por los andamios de la vida
circulan las memorias
que ofician de puente
entre el amor y la muerte
buscando la orilla de las sombras
para engendrar versos
que nos salven del olvido.

© Rosa Lía Cuello

Poema de Susana Szwarc


LAS BELLAS PALABRAS

En el relato de la carne
-mientras el año abría
su espesura y apenas las copas se llenaban-
me pareció escuchar el sonido de la lluvia.
(No llovía. No escuché los jadeos.)
Miré el reloj:
pronto se haría medianoche.
¿Estaba más próxima de ser encontrada
allí donde la versión se retorcía?

Ajena, afuera, lejana
(como quien entrega el único indicio
que guardó a puño cerrado)
(para no deshacerse)
(y permanecer) (un poco más)
(en el relato)
habría de aguardar.

¿Alcanzaría entonces,
después de otra vuelta completa
(sonido de fósforos y pulseras,
piedras al rozarse, desvergüenzas,
alaridos, un salpicar de letras y de lenguas,
inermes las bellas palabras),
su compañía, su calidez de coro?
Alcanzaría o no
un sitio en la carne,
en el plato, en la historia.

© Susana Szwarc

Poema de María Eugenia Caseiro


Residuos.-

Tercero.

Eran tus manos de azahar
dormidas sobre mí,
besé llorada la pintura
que rompió la noche
-dos mitades como dos fantasmas
aplazaron el mar-
nosotros sombra tumbada
en el instante en que te pierdo.

© María Eugenia Caseiro

Poema de María Amelia Diaz



Tejen contra el cielo
una puntilla
un ñandutí,
una filigrana
un fileteado.
Con sus ramas,
castas,
puras,
tejen contra el cielo una red,
la ramas desnudas de los árboles.

© María Amelia Diaz

Poema de Refugio Pereida


Descanso

Acontecen las noches.
Bajo la luna,
fulgurante fruta de leche marina,
las viandas se hallan insolentes.
Después de liar pescados como flores
y barcos gemebundos por la herrumbre,
descansemos.
El vino es más sabroso
........................ en tu boca.

© Refugio Pereida

Poema de Salo Pasik


Dios puso un dedo tibio
sobre mi frente
y fue la luz.
Y la memoria.
Sangre que
a través de siglos
cobijó dolores y heroicidades,
bajezas y esperanzas, aburrimientos,
naves, heridas
y amapolas,
túnicas y fusiles,
piedras,
llantos y miradas.
Y a través de toda eternidad
la búsqueda
de un lugar,
del punto de partida
del punto de llegada
para completar el círculo omnipotente
de la libertad.

© Salo Pasik

Poema de Mónica López Bordón



VIENTO FEROZ, INCALCULABLE

Hay otro horizonte,
un horizonte huido de toda promesa
donde existe el vuelo aterciopelado
de verso dulce,
alas de papel pintadas
con la pureza del azul
combatiendo sin ira
en la cima blanca de la montaña
sintiendo el palpitar del labio,
la mano en la caricia,
el beso en el carmín,
el pie en la huella,
la huella en la arena,
la arena en la orilla,
la orilla en la otra orilla
y el viento feroz, incalculable
de nuestros cuerpos,
huidos
de toda promesa.

© Mónica López Bordón

Poema de Xenia Mora



CONTEMPLO MI PELÍCULA

Desde la piel de mi soledad
contemplo con asombro mi película
y van develando
enigmas en el humo.

Bifurco espacio y tiempo
un grito
quiebra la urna
donde me encuentro
caigo y despierto
con acaecida realidad.

Obnubila el desgarro
mi conciencia
los escaparates
engullen el crepúsculo.
El hielo nocturno
aciaga mi alma.

Indefensa,
estallo en esquirlas el espejo.
Busco en vano
y no puedo encontrar mi rostro.

© Xenia Mora Rucabado

Prosa de Mónica González Velázquez



Ahora que por fin te vas, déjame al lado de la carretera y con la boca por delante. Déjame con el bestiario que habita en mis sueños y mis hombres y mis mujeres y mi máquina de olvido y mi historia de familia y mis cuerdas en los zapatos y mis errores y mis pocos aciertos y mi voz cortando el aire, cuando ya nada es suficiente y sólo me consuela el Blues. Déjame con mis afiches: Goya, Tapies, Bacón, Modigliani. Déjame con los vértigos de Miller y Gil de Biedma severamente enfermo, reposando en la mesilla de noche. Déjame con Luis Urbina llora y llora, con su amor como un pájaro loco, dando tumbos en la noche estrellada. Déjame con ansias, el piso alfombrado, los labios, el corazón apretado; mordiscos en la cavidad de la boca y unos labios blanquísimos sin nombre.

Pero sobre todas las cosas, déjame con mi dosis de realidad y un vaso de agua en la mano.

© Mónica González Velázquez

Poema de Mairym Cruz-Bernal



Hacíamos el amor en una silla

Hacíamos el amor en una silla.
El tenía el pelo largo que me gustaba echar hacia atrás
el pelo largo que me gustaba oler
que me gustaba enredar.
Mientras me apretaba firme, sin movernos casi
en la silla -es difícil explicarlo-
fue algo más que sexo
era una silla y dos personas estando
sintiéndose
el uno entrando algo que se dejaba entrar en la una
y una simple silla de madera despintada
aguantando todo el peso de dos vidas de dos culpas, de dos grietas.
Un hombre que no poseía nada pero que tampoco servía a nadie.
Una criatura miserable y libre.
Fue difícil desenredar su pelo de mi vida
su pelo largo, salvaje
el velo que le cubría la mitad de la cara
y me gustaba echarlo hacia atrás
para contar las astillas que le rozaban la frente.
Un hombre de pelo largo, salvaje
una parte de mi pasado muerto.
A veces, mientras hago el amor legal,
actuando en el teatro íntimo de mi cuarto
miro la silla
y pienso en la delicia que se sienta en ella
y siento que es en esta cama donde soy infiel.

© Mairym Cruz-Bernal

Poema de David Rosales


Soplo

Un delgado soplo
separó a la noche del día,
la Nada fue el todo
y habitó en los hombres,

nos comió los ojos
parió entre nosotros
sin embargo el hálito
fue viento, agua, deseo.

Llegó la muerte.
La incertidumbre nombró los días.
La luz segó mis manos

en los brazos de la oscuridad,
sembró tierra sobre tierra
cerró mis pasos a la noche.

© David Rosales

Poema de Ana Romano


Siluetas

Una sombra de luz
obsoleta
Sale de tu mirada

Un alud de graznidos
felinos
Huyen de tu boca

Una palma
agitada
ampulosa
Pasea por tu brazo

Y la ausencia
de un destello
me acompaña

Dos especies:
solitarias
hambrientas
abrazan su destino.


© Ana Romano

Poema de Irma Ruth del Ángel del Ángel



RECUERDOS DE ARENA

Recuerdo poco de mi niñez
el gato gris dormido en la ventana
las voces cercanas de niños jugando en la calle
una silla con barrotes de madera y mi nombre inscrito en el respaldo
el trozo de soga que ataba mi hemisferio izquierdo.
De mi niñez, recuerdo muy poco
Santa Claus vestido de papá
el zapato blanco de charol que hurtaron los Reyes Magos
las canciones de crí-crí en la radio
mi cabeza rompiendo la piñata de cumpleaños
las figuras monstruosas que formaban las ramas
del viejo mezquite con luz de luna
reflejadas en la pared de mi cuarto
unas aves de papel colorido, que colgaban de las vigas del techo.
Recuerdo, cuando un día de mi niñez, las aves de papel colorido
salieron por la ventana y alzaron el vuelo hacia el desierto.
Hoy, de la ciudad de mis seis años; pocos recuerdos quedan
la vocinglería del vendedor de globos en la plaza
el sonido del silbato del afilador de cuchillos
el pregón de la marchanta - que parece no envejecer- en el mercado
el tañer de las campanillas del carrito de paletas
el polvo del desierto que llega todos los años en febrero.
Hoy, en la ciudad; que ya no es la de mis seis años
pude ver, como las aves de papel que un día se fueron
han regresado a posarse en mi ventana; convertidas en buitres
con sus picos llenos de arena del desierto.

© Irma Ruth del Ángel del Ángel

Poema de María Teresa Andruetto


Hostería en las sierras/ Otoño de 2007

.........Mi música es para esta gente
..............Ludwig van Beethoven


Tras la ventana del hotel caen las hojas amarillas,
flotan semimuertas sobre el agua de la piscina,
como en un cuento de Cheever. En la memoria
alguien arrastra una silla hacia el agua sucia,
sin embargo es de oro esta luz y ella sabe que puede
no verla más. Cuando era chica quería ser pianista.
Iba con otra de la mano, iba con El clave bien temperado
bajo el brazo, hacia una casa de la calle Francia.
Saludaba camino del conservatorio a los vecinos,
pensando que su música era para esa gente.
Alguna vez tocaré preludios en un teatro, se decía,
y aplaudirán los vecinos, la buena gente
del pueblo.

...........
Historia de vida suya, pero remota.

Más tarde quiso ser como la puta de Fassbinder,
ésa que hacía feliz a todo el mundo. No la maldita,
no la estrella incandescente, no la artista consumida,
sino la monja de clausura, la que alivia al peregrino,
la que no le quita a nadie nada. No hay distancia
entre lo íntimo y lo público, las calamidades
históricas convergen con las privadas. La buena
gente asesina a los débiles y mantener abierta
la herida es la única esperanza.

........... Historia de vida remota, pero suya.

Cuando escribe en la noche, crece el murmullo
de tantos y tantos que vienen llegando, un torrente
que avanza y se dilata, que grita Go Home,
Go Home, necesito un lugar en el mundo. ¡Y ella
que no quería quitarle a nadie nada!


© María Teresa Andruetto

Poema de Luis Alberto Ambroggio


ANCIANO

Ya no es aquel hombre que deletreaba la calle con pasos firmes
y ahuyentaba risueño los ecos de antiguos voceríos.

Ya no es aquel hombre que abría pétalos con arrogancia invencible
y en las tardes coloridas prendía lunas, vientos, pájaros que trasnochaban.

Tampoco es aquel hombre de esferas felices, de escaleras audaces,
de un peso sin fatiga, de gritos desatados, comi si fuera dueño del aire.

Ahora es el hombre que hace el amor con los recuerdos
y con el huésped que lo ama convecido
que ya no es el hombre impaciente con los miedos y las piedras.

Ahora es el hombre que cultiva la vida hasta torcer los huesos,
que esparce los sueños en malezas que a veces florecen
y que vuelve sin gestos al más allá tierno
donde la muerte es una palabra que no existe
porque los brazos infinitos son de fuego
y las horas perdidas son de agua.

© Luis Alberto Ambroggio

Poema de Cristina Ramb



Como un cuadro de Gustav Klimt

Un cuarto de madrugada
es un campo herido en sombras
terraplén de sueños apuñalados
sembrando gemidos transmutados
lágrimas, sudores, saliva.

La luna desnuda
el filo brillante de su espalda
la extensión de piel
cordillera húmeda
territorio amado
derrotado al beso.
Caída en lo insondable
de un olvido previo.

El encuentro ha dicho
el sabor del abandono.
Fusión ilusoria
eternidad llorada
limosna de un brillo
robado a la muerte.

Premura al deseo
soledad
realidad del alma
soledad eterna
soledad sin más.

El tiempo enajenado
obsceno, desnudo, implacable
acota la palabra
perpetúa el silencio.

Cae el sol
la noche ya dijo su nombre
se desdibuja el árbol
el pájaro
la tierra.
Quietud, ciclo
rojos, negros
caída, reinicio.

© Cristina Ramb

Poema de José A. Santos


AVANCE LENTO.

Caminando entre enenos.
Sintiendo en la piel
Odio y vergüenza,
Deseos de venganza.
Viendo el cadaver
Como futuro óptimo
Y el polvo eterno
Como vía de realización.
Sabiendo de la rabia,
Del odio
Del prójimo,
Tan amigo,
Tan canalla…
Tanta hipocresía.
Estando aquí, esperando, sufriendo,
Agobiado de ver la realidad,
De sentirla y padecerla
Y deseando ser otro,
O ser el mismo
Pero circundado
De una realidad distinta.
Indiferente ante el reflejo
En el espejo.
Y lleno de algo
Semejante al odio.
Sin vías de escape.
Frenético como fiera acorralada.
Con odio.
Con SANGRE en todo el cuerpo,
Y pasión bombeando
Tras la mirada.

© José A. Santos

Poema de Irene Zava


MAÑANA

Entre frescos colores del alba
resplandece el despertar.

MEDIODÍA

Corre sin rumbo entre columnas.
Hormiguea impaciente desgaste.

CREPÚSCULO

Humana melancolía en ocre y oro.
Impasse entre queso y oliva.
Rojo liquido calma la zozobra del día que se apaga.

NOCHE

Sombras y pasos sin nombre
canto
de nocturno cansancio.

© Irene Zava

Poema de Arturo Accio


Elección

-Malditos lugares económicos tienen harta,
estoy cansada de ser vista como una cualquiera.

Gritaba a todo pulmón a las tres de la mañana por la calle.

-Mira la basura de cerveza que tomamos,
nos regresamos a pie
y tú con una cara de imbécil
que no sé porque no estas encerrado.

Me aferraba a un poste de luz lo mejor que podía,
no quería volver a vomitar pero era inevitable,
le quería romper la boca para que se callara.

En efecto ella tenía toda la razón del mundo,
el lugar del que salimos era tan barato
que con el vaso de hielo seco era imposible hacerle daño a alguien.

© Arturo Accio

Poema de Genoveva Arcaute


Heliofanía la imagen,
abalorio de vocablos
que al sol de la mirada
fenomenece.

Su poder de motor
detona en pleno vuelo,
luz metal esquirla
lluvia fractal en nubes
de luto y de rutina.
Rasga como gasa
en un clavo del banco
y deja su visión
resplandeciendo.

Neísimo barroco,
concepto que madeja
en el huso asesino,
belleza que se oculta
tortuoso organograma
compromete el gatillo-dedo
de logófilo
(Cazadora de aljaba.
Pichones le huyen
al venablo. Arquera
amazona feroz,
dulce que adormece
y cría el poema
contra el pecho que falta.

Heliofanía la imagen,
su poder de motor
detona en pleno vuelo
abalorio de vocablos
que al sol de la mirada
fenomenece.

© Genoveva Arcaute
Pintura: Ana Valentina Medrano Mayol

26.9.10

Poema de Susana Lobo Mayorga


Sonríes
cuando el ocaso celebra
el parto de la luna
............... y el silencio me mira
con luz de acero sobre mi piel
como germen ámbar en el surco.

Sonríes
cuando el canto de semilla
se instala en mi cintura
y como ciegos intentamos
encender la lámpara de aceite en el cuarto.


© Susana Lobo Mayorga

Poema de Jorge Boccanera


SUCESO VIII

a veces soy la voz del otro lado del teléfono
a veces un aliento
una ciudad enorme donde te encuentro a veces
por supuesto una fecha
un saludo que cruza el cielo velozmente
dos ojos que te miran
un
café que te espera después de la llovizna
una fotografía una mano en tu mano
desesperadamente una canción etcétera

y siempre o casi siempre
nomás ese silencio
donde solés colgar tus prendas íntimas.

© Jorge Boccanera

Poema de Martha Goldín


en la noche de la casa
tiembla el texto
.... se niega
hasta que el alba
....... anuncia el fantasma
........... que hoy se hará presente
para ponerle palabras

tiembla el texto
la noche, la casa ,
.............. el duelo interminable
...... busca el verso y la rescata

© Martha Goldín

Poema de Raúl Feroglio


COLIBRÍ FRENTE A UNA NIÑA

Un borbotón de plumas,
Un ansia verde suspendida
Mainumbí llamado en horas largas
Un corazón con alas
Frente al asombro niño
Un sueñito detenido que no cae
Para nuestra espera en espejo.
Casi nada
Dos suspiros frente a frente.

© Raúl Feroglio

Poema de Roberto Reséndiz Carmona



Ayer
nos regalamos flores y también una canción
rezamos un poema que dijo
palabras hechiceras
e hicimos imágenes de agua
y volvimos a sentir
como la última noche que pasamos juntos.

Cuantas veces he tocado la flor de su piel sin mancillar
la magnolia obscura
el geranio de Juárez
y me sigo haciendo sombra
me diluyo
me hago
mar de lodo
herida enmohecida
en el más largo invierno de mi vida.

La última imagen que vi reflejada en el espejo
estaba negra
y no sabía
quién era
es más
no sé si soy
o era.

Creo que la amo
la amo
y no puedo negar el sentimiento que me ahoga
la pienso
y ahí está
y no tengo salida
no hay ninguna ventana
para el hombre que se enamora de las sombras…

© Roberto Reséndiz Carmona

Poema de Paulina Juszko



No puedo entender esta cosa
esta cosa de abrir los ojos cada día
cada día pensando en el programa del día
día igual o diferente de los otros días
otros días quizás de vino y rosas
rosas de octubre que pulverizaron las pupilas de Pizarnik
Alejandra que prefirió no abrir más los ojos
ojos que aborrecen abrirse a lo mismo
lo mismo multiplicado ad infinitum
infinito espejeante de promesas
promesas de diferencia
diferencia que sin embargo sobrecoge mi corazón
un corazón mecánico que tampoco puedo entender.

© Paulina Juszko

Poema de Alejandro Drewes



Suelo hundido al transcurrir de los pasos
presentimiento de la noche de todos los muertos,
crujiente minuto en fuego perpetuo.


© Alejandro Drewes

Poema de Norma Segades


Aluviones de ausencia.

Tu voz parió en la noche
una tibieza azul donde treparon
a morir los sueños.
después llegó la lava calcinante
y desgarró pavesas en los musgos,
enhebrando,
.......... con médulas ardidas,
la insurrección del fuego.
Hubo un grito de goznes destituidos
entreabriendo compuertas
y el torrente de cuarzo machacado
asesinó panales
en los breves incendios de mi sexo.
Desde óvalos de niebla,
el amor fue una lumbre derramada,
una esquirla de luna
ensangrentando pieles en el viento,
un susurro de azogues
multiplicando vientres agrietados
en antiguos espejos.
Su vehemencia de truenos afilados
nos desbordó los flancos,
.......... las axilas,
las lenguas polvorientas...
y nos dejó esta soledad prolija
en donde naufragamos,
........... todavía,
cuando la ausencia rompe sus amarras
en la arista amarilla de los besos.

© Norma Segades

Poema de David Rosario Sorbille



ANGUSTIA DEL QUERER

Amor con amor se paga,
¿pero, cuántos sueños,
deseos y olvidos,
han dañado
la esperanza
del querer?...

© David Rosario Sorbille

Poema de Merche Monroy



El poder de las palabras II

Este cerebro trasegando
En garabatos de tinta,
Encontrara mi voz enfundada
En raídos versos.

Esta poeta mediocre
Remontara a traspiés
Los días de tedio
Encaramados a mi espalda.
Las horas de desesperanza
Y de existencia despoblada.

Desencarrilare mi alma forastera,
En algún vagón en blanco.
Sin propiedad.
Para avanzar como un disparo
Sobre el verbo desgarbado.
Y disiparme en puntos suspensivos…
Borrones del tiempo
Y fugas de luz.

© Merche Monroy

24.9.10

Poema de Silvia Rodríguez Ares


Desde un río

Crezco
desde un río

de allí

vengo

las piedras

me sostienen
y se quedan
con mis huellas

no cuestionan

el frío
de mis aguas
ni mi cauce sinuoso

me aman

en silencio

como

una madre
que sabe
que su hijo
pronto
partirá.

© Silvia Rodríguez Ares

Poema de Leonardo Martínez



HOMBRE SOLO

Todos han muerto.
Se han ido muriendo uno a uno
Yo pude haberlos matado
pero dejé al tiempo la tarea
Por segundos seré dueño
dueño solo de la memoria
y desde mi sitial
abarcaré los sueños de los otros
sus grandes desconsuelos
sus vidas en pedazos
Cuando me toque la muerte
seguiré sentado como en este instante
bajo el tala
mirando sin ver
los cerros
allá lejos

© Leonardo Martínez

Poema de Paulina Vinderman



Ahora, tarde en la tarde, marzo sonará en la
palabra púrpura, al borde de la métrica,
inclinada en su terraplén.
Escribo dentro de un grabado mientras la palmera
izquierda (la pequeña) espera su salud perdida
y el encanto del cielo sobre sus nuevas hojas:
un mosquitero de encaje.

Mi mente está calma como un lago
escuchando la voz del hombre que anoche
en mi sueño me preguntaba por las constelaciones.

¿Era ésa la voz del lenguaje?
¿Por qué rompí mi poema del tiburón?

Si viene la lluvia será un exilio, un intervalo
en el teatro de mi pobre, pálida memoria.
Montañas azules, pueblos silenciosos, cardos al sol,
palomos que arrullan las siestas y un humo (¿la voz?)
en la carretera.


© Paulina Vinderman

Poema de Leonardo Gastón Herrmann



Especulación de la inseguridad

V

El Dios de las maquilas
desató la matanza,
sus ángeles narcóticos
destrozan los papalotes del cielo,
las mujeres son estatuas de sal
que hieren la tierra.

© Leonardo Gastón Herrmann

Poema de Anamaría Mayol


PROFUNDO

Cavo profundo
hasta útero mismo de la tierra
busco el rumbo
el sur es mi destino
donde siempre naufrago
y me regresa el mar

Profundo cavo
hallo mis otras que ya fueron
las que vendrán aguardan con mis ojos

busco en mi laberinto
el espejo trizado con mis rostros
la dimensión de todas las cosas y las horas

el tiempo es otra excusa
para hallar las certezas de quien somos

busco tu aliento
tu olor de animal en celo debajo de la piel
el rastro entre las uñas de la ausencia
los adioses

cavo hacia adentro
profundo cavo

busco el origen la mujer el todo

la nada y el vacío vendrán después
a despertar mi sueño
a soñarte

busco los pájaros
los primeros pájaros
que me hallaron y hallé tras las palabras

profundo
profundo cavo sobre el silencio

vuelven los ecos que planté en semillas

el rostro de la muerte se ve a lo lejos


© Anamaría Mayol

Poema de Pablo Queralt



Llueve
La cabeza descubierta
A la tormenta
Esa revolución taladrante
Con su música su locura
Antes de morirme
Tensando la partitura

Serafín que desvalija mi felicidad
Que ve lo que va a suceder
El momento original del
Primer asombro

Fuera de los colores tristes
Del sueño otro amanecer
Del galopar otra escritura de luz
Canción preludio del lila
Eterna odisea.

© Pablo Queralt

Poema de Pilar Romano


DESCANSAR

Necesito
pedirte prestado el pecho
para descansar un poco
y que mis dedos caminen
lentos, muertos de sueño,
desde el cuello a la cintura
de la cintura hasta el cuello,
creyendo que marcan mío
ese suelo que es ajeno.
Luego, no sé, diluirme
en la culpa o el silencio,
.............pero antes
necesito recorrerte
con dedos analfabetos
desde el cuello a la cintura
de la cintura hasta el cuello

© PILAR ROMANO

Poema de Horacio Gómez



CONSIGNA III

Palabra, misterio alegoría
ver el todo en la nada contenido
fantasía del verbo amanecido
manos cuna de cada melodía

Belleza, tormento y rebeldía
origen del dolor desprevenido
diálogo de infinitos concebido
impresión de creer que hoy es el día

Esencia del amor y su agonía
continuidad de los silencios idos
valor que funde dioses y vencidos
impulso, que más da, tal vez poesía

© Horacio Gómez