22.4.11

Poema de Alejandro Drewes



Para un epitafio

De la hierba a la ceniza
del breve jardín alemán
un viento de invierno
acaso lejano
unas simples palabras:

apenas vivo,
muerto entre libros
y poemas que no salvan
aquí yace y tan lejos
la sombra muda
de la Amada

luego los mismos pasos
que se alejan
por la senda de grava
tan callando

y sucede otra vez

la ronda de los gatos
silenciosos
y aun después
un velo de nubes
más oscuras sucede
en el cielo
de toda intemperie

© Alejandro Drewes

5 Comments:

Blogger galáctica said...

Un callado dolor, una sugerencia levísima, una pena sutil y eterna que cubre el horizonte con el humo apenas perceptible de la tristeza, la de conocer la pérdida, la de no olvidarla jamás.Un poema que se alimenta de lo que calla, que grita en su silencio con los ojos de la ausencia. Logradísimo Irene Marks

22.4.11  
Blogger Centro de Estudios Poeticos ALETHEIA said...

Querida irene, gracias de corazon por tu lectura atenta, por tu escucha, del grito callado del poema. Sin duda, la imagen que Gus tuvo la delicadeza de elegir para acompañar el poema es una exacta referencia a ese clima. El origen del texto ha sido la perdida de mi padre, hace dos años.

Un gran abrazo

Alejandro

22.4.11  
Anonymous Anónimo said...

conmovedor, sin dudas
saludos
anahí Duzevich Bezoz

22.4.11  
Blogger ignacio said...

Ademas del pensamiento-sentimiento de Irene, solo puedo agregar que pocos son honrados en el recuerdo por una túnica de tal delicadeza y amor.
Un cálido saludo
Ignacio

23.4.11  
Anonymous Anónimo said...

Ale querido:
es el tuyo un poema que duele, desde la timidez de palabras no dichas pero maravillosamente sugeridas. Es ver la soledad y detrás más, y todo lo que sigue. Bellísimo.
Abrazo,
Gra Bucci

21.5.11  

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