14.9.10

Prosa de Adriana Valmayor


ONIRICA VII

Aveluz se extraña cuando al rozarme con un ala estoy en la cocina de la abuela oliendo a canela y a pasas mientras ella amasa el strudel sobre la mesa tibia ... el abuelo entra con las manos llenas de nueces verdes que trajo del fondo y yo adoro esa sangre negra de cáscara de nuez abriéndose para ceder su corazón dorado. Abro los ojos y lo inefable dejó de serlo.


© Adriana Valmayor

9 Comments:

Blogger Gustavo Tisocco said...

Bienvenida Adriana a este sitio que pretende difundir a poetas contemporáneos, mes a mes serás publicada.

Espero sí puedas comentar a otros poetas.

Un abrazo Gus.

14.9.10  
Blogger Amanda said...

Adriana... me gustó lo tuyo,hermoso, sobre todo, porque lo llamas justo como lo que es: prosa poética, y no recurres a estrofarlo en versos para llamarlo poema.
No tiene nada que ver la distribución de las palabras con lo que provoque una lectura en el alma del receptor.

Saludos

14.9.10  
Anonymous sy said...

Muy buena tu prosa poética y bienvenida a compartir palabras.
Afectuoamente,

Silvia Loustau

14.9.10  
Anonymous Anónimo said...

Bienvenida Adriana a la casa de Gus!! Me gustó mucho tu escritura...lo inefable del bello recuerdo...un abrazo, María Chapp

17.9.10  
Blogger Avesdelcielo said...

Hermoso, lo cotidiano se hace mágico. Felicitaciones.
MARITA RAGOZZA

17.9.10  
Anonymous Anónimo said...

Adriana:
"strudel...abuela...mesa tibia...abuelo...manos llenas...nueces verdes"
Muy cálido!

"Yo adoro esa sangre negra de cáscara de nuez abriéndose para ceder su corazón dorado".
Me encantó.

Va mi BRAVO!!!

Tere Vaccaro

17.9.10  
Anonymous Anónimo said...

Cuánta calidez y nostalgia tiene tu poema. Es una postal en sepia, pero viviente, con sus aromas y los intensos gestos del amor.
Un abrazo. Liliana

23.9.10  
Anonymous galáctica said...

Adriana: fluye tu canto onírico liberado en el mundo de la canela y las nueces donde la cocina de la abuela es reducto de alegría. Excelente poema Irene Marks

26.9.10  
Anonymous Anónimo said...

¡Hola, Adriana, qué gusto! Encantador tu texto en donde el sueño es inefable, la realidad no. Un placer enorme tenerte aquí compartiendo tus creaciones.
Un abrazo.

Jorge Luis Estrella

29.9.10  

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