10.11.10

Poema de Carlos Roldán


Allá en mi patria
Las estrellas están más cerca
Y son más grandes.

La gente viaja a ellas
Y hasta puede
Quedarse.

Cómo se enojan los guardianes
Cómo amenazan
Con sus multas

A mí
Que el turismo no me copa
(En esta ciudad lejana
Y de vidrios muy altos)
Me siento a beber el whisky atardecido
Por si se acercan.

© Carlos Roldán

11 Comments:

Anonymous Anónimo said...

...y bebiendo ese whisky atardecido, siempre con la vista y el alma en las estrellas...
¿Qué más se podría pedir, Carlos?
Buenísimo tu poema.
Aplausos, bises y un gran abrazo
María Rosa León

10.11.10  
Anonymous Anónimo said...

Y ¿qué pasaría si te acercaras a buscarlas? ¿O las perderías por acercarte? ¿No sería mejor tratar, en vez de quedarse con la duda y el sueño?
No sé... tal vez sea mejor que sólo sean un sueño de poeta.
Celina

10.11.10  
Blogger Ricardo Juan Benítez said...

Carlos bebiendo un buen scocht todo parece más fácil, incluso montarse en una estrella... aunque no te guste el turismo cósmico. Me encantó.

11.11.10  
Blogger El Dragón Bet said...

En el borde del atardecer antes de las estrellas, antes de todo un whisky, berreta como los de San Martín, se acuerda Roldán?

11.11.10  
Anonymous Anónimo said...

Cómo me gustó esto. Me gustó mucho
Abrazo
Alicia Perrig

11.11.10  
Blogger Nerina Thomas said...

Las estrellas y tu vuelo, invitan a tocar el cielo!!
bello poema!!
felicitaciones!!

12.11.10  
Blogger Mónica Angelino said...

buen whisky atardecido y atardeciendo.

saludossss

12.11.10  
Blogger Mariasilvia said...

Tu patria se parece a la mía!
Capaz yo soy más vieja, o aún no sea tu tiempo, pero al fin me desexilié, no pierdas el camino de regreso!!!

13.11.10  
Blogger Elvira Alejandra Quintero said...

Hermosa imagen. Estar solo en un país extraño, nostalgia y libertad reunidos.

14.11.10  
Anonymous Anónimo said...

Un poema que huele a nostalgia, a añoranza, sin embargo, sin amargura.
Un abrazo,
Juany Rojas

16.11.10  
Blogger Carlos Alberto Roldán said...

Resultó de una larga charla con alguien que contaba sus jornadas muy lejos de donde ahora nos encontramos, y en ese mundo irreprochable, dispuesto, faltaba sin embargo la pata visceral, la que pone nuestra entraña.

19.11.10  

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