21.11.06

Poema de Carlos Alberto Roldán


cuando el que habla es el bárbaro
se mitifica otro bárbaro más implacable
su amenaza mortal tras de un enojo
y se oculta al alejado de su patria
nostálgico incurable

cuando curva su espada en el relato
cuándo no venció
qué sino enemigos sobrehumanos
y ardía la pradera
y era de cristal la sierra en su subida
un enemigo de mil pies de alto
cuya voz
cuya voz era truenos y hasta rayos
pero monedas quedaban en su palma
oro cantarín
la plata helada

allá donde él estuvo geografía
era un espanto de tiniebla
lo que nunca se vio allí es que estaba
se hacía sombra cada oscuro pensamiento
“esta mano soy yo /soy este cuerpo
el que trae de allí los mil demonios
este hálito frío /mi dureza
este relato de quien temes”

pero hay otro que cuenta
viene de libros /de mil –o quizás más- relatos
ha agitado al innúmero su cabeza
entrevé algunas cosas y se espanta
pero se pone a contar
como acuciado
no le preguntes qué que no lo sabe
razones no las hay pero ha leído
ha entrevisto en el fondo de una taza
en otras voces al azar
en el calidoscopio verbal de todos juntos
en lo que hacemos como venal
pero que pesa

cuando cuenta este loco
-en sus ojos se ve el escalofrío
y acaso se calla que hay un dios
junto a su oído-
dice qué viene
con pasos de bárbaro final /apocalíptico
también con una espada
con una plaga
con cencerros que espanten a su paso
desde todos los rumbos hacia aquí
ya está alcanzando

oh vate oh aeda oh voz del tiempo
cuya huella se ve como anticipo
háblame del final
de la arrasada tierra que se extiende
bajo la hambrienta hueste de los hombres

ya no hables de Ítaca y su reino
háblame de la Hélade que viene
con enemigo eficaz para vencernos

algo arroja la sal con estas manos
que no detengo /insensatas/ al aire

© Carlos Alberto Roldán

11.12.07

Poema de Carlos Roldán


he pugnado porque mi risa se viera
pero las circunstancias el siglo el flujo de desamor en cúspide
me hacían más y más invisible

he pugnado porque mi mano ejerciera el territorio liberado de su cariño
y pervivían distanciando
un par de pagarés en vilo los desentendimientos cruzados
la palabra que no sorteaba la aviesa razón puesta a la mala
el cansancio de tanta lucha al pedo
la tristeza
el abrupto cese de toda esperanza

mi risa era a la sazón
un alambre frío que cruzaba
diagonal esta cara

afuera algún pájaro sostenía
la insolencia radical de su insensata
manera de amarlo todo

el adusto álamo cantaba
su agua transparente y tan bendita

acomodábase una resaca de poemas
el aire no aventaba
el último rescoldo malherido
del alma

un día ella sonrió
yo ni les cuento qué autopista se me vino encima
ella sonrió con la flagrante
ostentación de lo par en par de una sonrisa

y así muy tímida
deshielando su muerte mi sonrisa
afloró a borbotones

cayó por gravedad toda la piedra
que alma adentro acumulada entorpecía

reí de a poco
de a mucho reí
a carcajadas como se ríen los locos
los desenfrenados sin más los liberados
como los que revueltan el mundo pese a vidas
en que los días no valen un centavo

reí por reír
un tambor la entrada al mejor cielo
la risa del que vive y va despierto
la del que va a vivir

toda mi risa en pie es lo que lego
esta carcajada sin más
y sin sentido
mi amor como fuente inagotable
la bandera que soy
y que defiendo

© Carlos Alberto Roldán

24.4.07

Poema de Carlos Roldán


vigilia


¿Se desprende el insomne mar de sus sargazos?

Su eternidad de tumulto prometeico

esa forma de nada que deshace

con la furia irrepetible de artesano

al pie de un cielo incólume y testigo

¿nada guarda como a joya y venero

en la ceniza de un dolor antiguo?


Dura ley que rige los navíos

y ebria de vientos se echa a navegar


¿Queda en pie el mundo

cuando de la ola emerge por más aire

la nave que se ahoga?

¿Su orden y esta cosa

llamada desasosiego

sólo van con los huesos

que arrastra la derrota?


En ese punto que ponemos el sueño

arde y ardió

toda esta -tan leve- ceniza


© Carlos Alberto Roldán


16.9.08

Poema de Carlos Roldán



ahora que la noche se entrega al camino
y el calor ingenuo de los radiadores poco puede
con noche y frío
elementalmente vienen estos pensamientos de vos

rectas enormes hacia la pura oscuridad
pueblos subsumidos a caserío silente
algazara de camioneros ebrios en un puesto perdido
y un camino que solo adelante

y de a ratos converso con tu sombra
esto es este residuo mío a lo que aluden por mí
y tu voz es inconfundiblemente más serena

vienes con el cansancio también con
la vaga sensación erótica que siempre fuiste
venís tan íntima que hasta he dibujado
las letras de tu nombre en el vidrio

vamos contra la noche pura ¿sabés?
contra la noche pura y en vehículos diversos
sólo hay un punto en que le ponemos camas o café
a este dislate

cuerpos como una herida delgada puestos allí en el aire
palabras que nunca nunca serán siquiera algunas
tal vez todo sea eso: tocar nuestros cuerpos
mentirles unos momentos de existencia

y por eso yo no le creo al sueño que convence
y me dice confiate en esta curva que todo es más ligero
por eso canto en voz alta
o a gritos si es preciso
imagino en la mañana
una cama y un pueblo

fumo ahora un resto de cigarro
y estiro los músculos que enredaré con vos
deben ser tres las curvas luego la fábrica blanca
del extenso nombre en inglés y luego
un caserío pequeño y muy pobre expuesto
a la autopista
después vienen ese río del que nunca me acuerdo
y una larga avenida en la ciudad nerviosa

casi llego ¿sabés? estoy cerca muy cerca
casi tanto que huelo
el calor de tu cuerpo


© Carlos Alberto Roldán

1.5.11

Poema de Carlos Roldán


señorita:
no se sorprenda pero
ya es la madrugada y ambos volvemos solos a casa
yo a la oscura habitación llena de ruidos
usted al cuarto propio donde la espera un gato

es rara mi cuestión y casi ni cabe
pero quería proponerle una pavada
tal vez a deshora o tal vez
casi oportuna como ángulo entre
la luna y júpiter

amémonos señorita
-mire: hasta me he puesto colorado-
amémonos como si nos amáramos
seriamente tomando a la vida en todo el esplendor
o al menos ese esplendor que algunos dicen
que en serio tiene

a los ojos mirémonos como si nunca
hubiéramos intentado cosa parecida
con desesperación y anhelo
-¿linda palabra no?-
con mucho anhelo y pasión
y un poquito de desesperación por si todo falla
a mí muchas cosas me fallan señorita
quise ser jardinero y astronauta
pero las hormigas -¿vio?-
las hormigas y los perros juguetones
y el precio de los viajes o yo
que con las matemáticas y las monedas
poco puedo

tampoco me lucí entre los amantes
las bellas no me amaron
y mucho menos las inteligentes
las bobas por ser tales
se iban justo esa noche a pasarla con vivos
las neuróticas me veían
demasiado parecido como para perder el tiempo

amémonos señorita
es mi último día de boy scout
el último de mis sueños y en una hora
comenzaré a ser gris como nunca hasta ahora todavía
gris de pesada niebla gris de tardes
que más vale nunca pero nunca
gris como las aguas grasas y servidas
como los cuerpos que flotan en el día
como la vana sed cuando el deseo se afloja

amémonos porque mañana parto
a una guerra en que perderé seguro
¡si soy del ejército de pobres
de esos que quieren justicia y mil pavadas
cómo no habria de perder si en esto
solo ganan los otros y yo no soy de ellos!

amémonos como uno necesitaría amarse
para que la vida fuera cristalina como un agua fresca
como el día que todos nos prometimos al principio
en lugar de esta cosa

oh señorita señorita
mi canción -ya sé- es un tanto
como quien dice confusa o torpe
o tal vez muy lúcida

yo la he contemplado vivamente
y usted está orgullosa del color de su pelo

no se preocupe por mí
ya tenía este costado de la calle
para morir con efectos dramáticos

salga a buscar un patrullero bonito
dé parte
no se pierda este lugar de esta buena escena
muérdase las uñas y llore así y grite
ya cierran las pizzerías de la avenida
y mi cuerpo ya flota en las estrellas

grite sobre todo grite
aúlle y dé parte
rasgúñese y parpadee como si sufriera mucho
mire qué bello color
cae del cielo

© Carlos Alberto Roldán

27.4.08

Poema de Carlos Roldán


Visto que sea
El ancho cielo que algunos contemplamos
El mundo al que aseguran curvo
La primavera que enciende
Estas ganas de anclarse en las mujeres
No me asombra pensar tal como algunos
En dioses que rijan mundos
En tramas que guíen
Espectáculos

Pero aún pensando
Estas guerras que diseminadas
El posible del poder y su crueldad que aterra
Un solo olvido una sola mentira
Y el olvido
De aquellos que nutre el alma que pone la palabra
Puedo sin más ver
Que nada ni nadie se hace cargo
Que queda en mí el trámite sencillo
De iniciar justa demanda
A como dé lugar -buenas o malas-

Tan ancho mundo como se ensancha el pecho
Debiera ser -sin más razón-
Origen y necesaria causa y fin
De una vida de sencillo trámite
Y justa al fin y digna y altanera
Por haberse ganado su respeto


© Carlos Alberto Roldán

11.9.07

Poema de Carlos Roldán


(a mi vieja)

pondrá geranios y malvones
a su pedazo de cielo

dalias y jacintos
violetas nomeolvides

y una enorme hilera de calas
bajo extenso parral

con dedos deformes
acribillados a aguja
un matecito

qué no sonriera
bajo la humilde casa eterna
de entonces

qué no aflojara
del hueso
cosido a este alma

© Carlos Alberto Roldán

11.6.11

Poema de Carlos Roldán



digo piedra
y aparece la piedra detrás de la piedra
lo duro de la piedra se aparece
su humedad su peso
el mito de su curva en el aire
de la calle que se abre como un tajo
y se deshace este moebius

oh piedra
sácame de tu horizonte pétreo
se rasgue el fondo y advenga la luz
se rasgue el fondo y advenga la luz

© Carlos Alberto Roldán

1.8.08

Poema de Carlos Roldán


aquéllos
cuyos ojos acaso equivocadamente
hallaron la ceniza de la estrella
los que dijeron creyeron o soñaron
embestir una luz poderosa casi como un umbral
con propios dolientes cuerpos de arcilla
y gemido
desdijeron acaso también sus nombres
porque qué se puede hacer cuando se es hombre
pero también volvieron esperando de lo que se abrevaba
en las palabras frescas inocentes palabras
hechas para todos los equívocos
los que habían visto en el color ya no del cielo
en sus hermanos mismos
una sombra ceniza
capaz de renacer en las cercanías del alba
los todos ellos que me alientan
cuando embisto esta insensata pared que limita
cada poema y es mi noche
no es posible que ellos
los altaneros cuya risa
debió guardarse en el mismo corazón de cada piedra
hoy vuelvan a casa viejos
(si habían burlado al tiempo)
vuelvan con el cuerpo el traje los zapatos
quebrados a día de hierro a gris a sentimiento
de que apenas pueden la vida
cuando alguna vez pudieron
sentir que eran altares en el mismo cielo
y no la mesa en que apacientan
los burros de los burros de los burros
y que todo se gira

cuéntame padre
cómo despertar al hueso
y que el hombre era otra cosa
que mil rocinantes se vienen de galope
sin lanza llenos de luz
contra lo obsceno

© Carlos Alberto Roldán

3.11.09

Poema de Carlos Roldán


"Vivere non è attendere che la tempesta passi...
è imparare come danzare nella pioggia."
Vivir no es prestar atención a que la tempestad pase
sino preparar la danza en la lluvia.


Cuando empezó el viento me pregunté si estábamos todos en casa.
Repetí nuestros nombres, uno a uno, y acaso por el torbellino y el estruendo
no advertí que algunos nombres ya faltaban.
Las horas se sumaron y yo en letanía temerosa
había reemplazado los rezos por la lista circular de quienes quería.
Digamos que fue cuando el viento abatía los árboles afuera
y la puerta ya estaba a punto de romperse
que en el oscuro no advertí las faltas.
Horas y horas con el pulso en alto
y la voz cada vez más insegura rodeando los nombres
y otro y otro faltaban acaso yo mismo tampoco estuviera.
Una voz reza nuestros nombres sin rito.

Nadie impedirá que dancemos.

© Carlos Alberto Roldán

5.3.07

Poema de Carlos Roldán


si bien por causa alguna
la nube se empecina
la humareda rebasa el horizonte
o por un estallido -se lo puede creer:
¡tanto hemos visto!-
allá afuera y arriba /allí donde solía
ni una ni una sola y solita estrella
se quedara con nos
probablemente entonces
mientras otros maldicen y se hieren
quede cielo por trepar pincel en mano
y de a una -escuchen bien- de a una
habráse de pintar las mil estrellas


© Carlos Alberto Roldán
Foto: Gustavo Tisocco "Mar de Cobo"

21.3.10

Poema de Carlos Roldán



lo vimos todos
el viejo velero
cuyas heridas le hacían agua y agua
hasta el punto de que aliviarlo
fuera la tarea esencial del viaje
el viejo velero digo
allí a golpe de vista del puerto
por ir o venir que ni siquiera importa
hizo una malhadada pirueta de velero
la ebriedad de una ola acaso
el viento que tanto se parece a la vida
su vela mayor se parte
vemos o adivinamos la crisis íntima
el no saber ya qué hacer
su pirueta torpe dolorosa
su hundirse en agua negra
como si ya nada hubiera nada
y los puertos no fueran causa alguna

lo vimos sí
la tarde soleada los chicos
que a esa hora jugaban en la arena
pasmados vieron la cosa desde el principio
gritaron llamaron a sus padres
dejaron los sagrados juegos
ganados por el hecho

un velero esto es
eso de poner el posible al pie del
horizonte
ese empujar la noche a lo bravío
ese extender el alma hecho de brisa
y leve mar

¿quién no tiene alma velera
sueño que embriaga y que empuja adelante
ganas como una fiesta
timón ufano
todo el viento en la cara?

pero lo hecho por el hombre muere
así como mueren las palabras
todo lo puesto bajo el sol se muere
el mar el cielo vasto el aire mueren
¿cómo este velero de los sueños
no habría de morir bajo tal regla?

alma a la que vi bogar
críptico enigma de una noche infinita
tu hebra pura para que alguno
busque -los ojos grises-
en tu orilla


© Carlos Alberto Roldan
Foto: Gustavo Tisocco